sábado, 31 de julio de 2010

PARA ALGUNOS LA POSIBILIDAD DE UNA COMUNICACIÓN MAS DEMOCRATICA , PARA OTROS UNA FALSA PROMESA.


En mi intento de realizar una nota, mientras pensaba sobre que tema podía escribir, me pareció bueno quizás recordar como llegue a este espacio, ya se que se preguntaran: a mí que me interesa como llego acá¿?, en fin lo voy a compartir de todos modos.
Yo como muchos jóvenes y los no tan jóvenes, me encontraba en un momento de mucha angustia, por que me daba cuenta que mi país era manipulado por los medios de comunicación y su bendito monopolio, los cuales son los productores de ideas, mentiras y utilizan la información como herramienta para desinformar y de esta manera poder manipular. Sentía que la gente que me rodeaba no escuchaba esas otras  voces, sabia que lo que realmente ocurría no era lo que se veía reflejado en los medios.
Me desesperaba por hablar con los que tenia mas cerca para q ellos pudieran ver que la verdadera violencia que tanto se empapaban los periódicos del monopolio era la “mentira”, gran frase es esa q dice: “violencia es mentir”.
Mientras intentaba ir en contra de la marea que nos silenciaba, mi tristeza llego a lo mas profundo cuando un empresario de turno, que se hace llamar político, el cual jamás escuche debatir de política , gano las elecciones por el solo hecho de que un programa  de televisión lo convirtiera en el ídolo del momento; me dio tristeza ver mi país que se estaba convirtiendo en un país manipulado mediaticamente así como así.
Mi postura era complicada, ya que apoyaba este proyecto nacional y popular, pero al no  pertenecer a ningún partido político, sentía que mi voz se silenciaba cada dia mas; me alimentaba de aquellos que todavía no estaban silenciados y eran esas las otras voces q todavía se podía escuchar.
Esperaba poder ver el programa periodístico que creía que era el único donde no era todo negativo.
Hasta que un día este programa apareció en la red social del momento , y abrió un grupo llamado 678 facebook, me pareció interesante formar parte de eso grupo virtual y ver q pensaba la gente que como yo seguíamos ese programa, curiosamente me di cuenta que no era la unica que tenia mucho para decir, q sabia q nos mentían y nos manipulaban los medios pertenecientes al monopolio, y no era la única q quería salir a gritar la verdad.
Me cruce con muchos tipos de personas en este colectivo, estaban los que como yo no militamos jamás ni pertenecíamos a ningún aparato político, estaban aquellos q en su juventud militaron durante años y ahora buscaban un lugar afín para debatir, explayar ideas y estaban aquellos q estaban en distintas organizaciones, este lugar logro agrupar tantas corrientes de pensamiento como de realidades; lo que si teníamos en común es que llegamos solos a este espacio y con ganas de gritar la verdad que estaba siendo tapada descaradamente; y salimos a la calle, nos hicimos escuchar y lo seguimos intentando desde nuestro humilde espacio.
Como toda familia, hay diferencias, peleas, algunos buscan beneficiarse para llevar agua para su molino y otros simplemente seguir la lucha con honestidad y contra viento y marea.
Encontramos un lugar donde nadie nos dice que hacer, donde todos somos iguales y lo mas importante que nadie nos llevo a ningún lado por que somos autoconvocados y desde ese lugar seguiremos comunicando de todas las maneras que sea posible, tenia ganas de compartir el camino que quizás me permitió poder estar publicando hoy es este blog.
Vamos a seguir luchando por la verdad y vamos a informar como a nosotros nos gustaría ser informados, y como dijo el comandante: “NI UN PASO ATRÁS”

viernes, 30 de julio de 2010

http://www.agenciaelvigia.com.ar/anoticia1377.htm

La identidad de Avellaneda...y sus dirigentes

Por Dante López Foresi - (Escrito para vecinos de Avellaneda, y también para "extranjeros")

(Diario EL VIGÍA)- Avellaneda tiene una memoria enclavada en sus más dulces recuerdos. Es una de las pocas ciudades que se jacta de su fortaleza cultural. A pesar de un pasado industrial tan poderoso, las muestras permanentes de expresiones culturales y educativas, nos distinguen del resto de las ciudades, que intentan atraer turistas mediante ideas fuerza más vinculadas con paisajes naturales o servicios de recreación, que con contenidos, historia y arte.

Podríamos detenernos unas pocas líneas en los motivos de este digno encierro social en sus límites creativos diciendo, por ejemplo, que aunque los habitantes de Avellaneda siempre supimos que el único turismo que podríamos seducir es el futbolístico de los fines de semana, se vislumbra actualmente un futuro distinto, incluso hasta en esa industria que significa ser centro de atracción de personas en vacaciones. La creación de la primera Torre de transmisión de TV-Digital gratuita del país, de más de 360 metros de altura, con restaurante y mirador incluidos, será un atractivo turístico indudable, como así también el proyecto Costa del Plata y la puesta en marcha de la Universidad Nacional de Avellaneda que, no por casualidad, estará dedicada a la enseñanza de carreras vinculadas con el arte y la comunicación. Un motivo que también nos parece clave en la notoria y activa identidad cultural, creemos que fue la crisis que terminó con las poderosas industrias locales. Las sociedades en crisis se refugian, generalmente, en la creatividad y el arte. Cuando las sociedades tocan fondo, suelen emerger obras de arte y rasgos culturales admirables. Y Avellaneda salió airosa luego de perder ese aroma tan característico que emergía de curtiembres que ya no existen.

Entonces, dos culturas contrapuestas, pero no por ello irreconciliables, conviven en nuestra ciudad: una relacionada con la evocación permanente de un pasado de grandeza. La otra, la de jóvenes que están construyendo desde cooperativas de trabajo, organizaciones sociales, universidades y ambiciones ideológicas de equidad, una ciudad que dentro de una década será no sólo mayor en cantidad de habitantes (lo que presupone un cambio edilicio y de estructura arquitectónica), sino también más rica en contenidos culturales, entendiendo siempre por cultura esa amalgama de valores y principios que construyen en conjunto abuelos, padres e hijos , y que dan a luz una tradición que permite que una sociedad sea única, irrepetible e incomparable con otras.

Tras este breve relato de lo que nos parece un diagnóstico de nuestra esencia, se nos ocurrió mirar hacia la dirigencia que debe conducir, acompañar y controlar este proceso de cambio que, casi imperceptiblemente para muchos, está ocurriendo en nuestra ciudad. En nuestra dirigencia política conviven también dos vertientes bien diferenciadas, pero en este caso dudamos que sean conciliables. Una de ellas, gracias a Dios mayoritaria, compuesta por concejales, funcionarios y dirigentes sociales o jóvenes que, sin importar qué ideología sostengan, creen firmemente en la militancia y en la capacidad de cambio de una sociedad. Funcionarios y concejales que entienden profundamente el valor de los símbolos para la construcción de la identidad social, y se animan, por ejemplo, a bautizar espacios públicos con nombres como el de Estela de Carlotto o del Padre Eliseo Morales. O a crear un Centro Cultural de excelencia donde antes había un mercado obsoleto. Son generalmente los mismos que hablan de rol protagónico y primordial del Estado (léase en nuestro caso, comunidad de vecinos) en la construcción de una realidad más igualitaria e inclusiva.

Organizaciones sociales que ofrecen a la comunidad espacios de arte y cultura para aglutinar voluntades y enriquecer espíritus. Cooperativistas y militantes sociales se esfuerzan para ofrecer cine gratis, jornadas de debate y distintos cursos para la comunidad. Es decir, herramientas para enriquecernos y ser mejores personas, preparándonos para construir una ciudad nueva. Del mismo modo lo hacen los jóvenes universitarios, juventudes políticas casi en su totalidad, los distintos productores artísticos y entidades culturales del distrito, escritores, periodistas, etc.

Pero así como toda regla tiene su excepción grosera, frente a este tipo de dirigentes políticos y sociales que queremos reconocer en este espacio, nos encontramos con políticos, funcionarios y, sobre todo, concejales, que aman sin dudas a Avellaneda, pero porque es una ciudad que les permitió conseguir un trabajo como "representantes del pueblo", cuando en lo personal carecen absolutamente de talento alguno para subsistir en la vida privada.

Independientemente de juicios y valoraciones personales que no nos sentimos en condición ni nos arrogamos autoridad alguna para hacerlo, nos resulta extraño que precisamente en la "ciudad de la cultura", en la Avellaneda de las dos Universidades, en la Avellaneda de Gente de Arte y Casa de la Cultura, en la Avellaneda de las escuelas públicas quizás más reconocidas de la provincia, en la ciudad maestra de docentes, en la Avellaneda de esa juventud pujante y de esos artistas maravillosos, en la Avellaneda de los Teatros Roma y Colonial y en la ciudad donde conviven las anécdotas profundas y emocionantes de nuestros viejos y los proyectos ambiciosos y nobles de nuestros jóvenes, haya dirigentes que cometen faltas de ortografía hasta cuando hablan. Dirigentes de una precariedad y un primitivismo que espantan. Representantes políticos que llegaron a la función pública colgados de una lista sábana, y que estamos convencidos de que no resistirían un examen de ingreso a cualquier instituto de enseñanza del idioma castellano. Y menos una pericia psiquiátrica.

No intentan, siquiera, comprender el momento histórico que vivimos como ciudad. No llegan a comprender que Avellaneda no es más "una ciudad del conurbano", sino una ciudad "que queda en Latinoamérica". Ni que hablar de sus formas, modos, lenguajes y los fundamentales símbolos que los caracterizan.

Los sectores históricamente más conservadores y reaccionarios de nuestro país, aún sostienen la necesidad de "educar al soberano", subestimando arteramente la capacidad de los argentinos para emerger por sí mismos. A la luz de la calidad de dirigentes que representan a determinadas fuerzas políticas, sobre todo, nos parece fundamental "instruir al dirigente". Y la sociedad tiene un único modo de lograrlo: no votándolos.

Si consideramos y coincidimos en que el Estado debe ser el protagonista de la conducción de este proceso histórico que nos involucra, no cualquiera puede ser dirigente en el Estado. Durante la década de los noventa y en pleno endiosamiento de "lo privado", se nos decía que debíamos capacitarnos si es que queríamos sobrevivir en un mundo que crecería vertiginosamente. Exijamos, entonces, que quien pretenda acceder a la función pública deba, al menos, capacitarse permanentemente y entender que cada vez que actúa, nos representa. Es decir, que por lo menos sienta un mínimo grado de vergüenza, que es el primer paso hacia la autosuperación y el respeto por quienes lo eligieron.

A no confundir: nadie pide un gobierno de "cultos" o de "elite". Eso nos llevaría a un atraso histórico abismal. Pero, por lo expuesto brevemente en esta nota, las épocas que se avecinan no son para arribistas, punteros o improvisados. Nunca olvidemos que las personas que votamos, son una extensión de nosotros mismos y hasta su estilo de comportamiento nos debe representar y enorgullecer. Sólo alentamos la elección de dirigentes que estén a la altura de nuestra Avellaneda con un pasado industrial poderoso, un presente cultural que nos dignifica y un futuro continental colmado de esperanzas genuinas y certezas de que, en nuestro caso, todo tiempo que viene será mejor.

jueves, 29 de julio de 2010

ILUSIONADA


Pertenezco al vasto espectro de la clase media,
y también me identifico con el colectivo 678. ¿Por
qué asumo esta identidad?, porque creo en el
proyecto nacional y popular de nuestro gobierno.
Creo en las buenas medidas, que el gobierno ha
tomado hasta ahora, aunque también sé que falta
mucho por hacer, que existen cuestiones difíciles
de resolver, pero que no son imposibles.
Estoy ilusionada, con un país donde pueda
llegar a existir la justicia social, en el que la cultura
y la educación son cuestiones primordiales, donde
la macroeconomía es sólida y va en crecimiento, y
en el que los efectos de dicho acontecer no
discriminen los bolsillos del ciudadano,
achicándose la brecha entre pobres y ricos.
Me ilusiona sentirme representada por un
gobierno que concretó una asignación familiar
por hijo, que elaboró, junto a entidades sociales,
una ley de medios audiovisuales con la que las
voces se multiplicarán a partir de su
implementación, y los medios no serán de unos
pocos.
Me siento ilusionada con un gobierno que, en
el marco del festejo por el Bicentenario, recibió a
nuestros hermanos de los pueblos originarios,
prometiendo la devolución de tierras, para que
tenga lugar el desarrollo productivo y cultural, de
nuestros hermanos, postergado por años.
Estoy ilusionada con un gobierno que repartió
netbooks en la escuelas porque cree que todos
deben tener las mismas posibilidades de acceder a
las nuevas tecnologías.
Me ilusiona un gobierno que, con respeto y
cariño, acompaña a las Madres y Abuelas de
Plaza de Mayo, en el proceso de buscar justicia, y
de que todos los genocidas sean enjuiciados y
encarcelados, como también los civiles cómplices
del terrorismo de Estado.
Me sigo ilusionando con un gobierno con el
que, después de tantos años de no tener acceso
porque era un gran negocio entre privados,
podemos todos los argentinos ver los partidos de
fútbol, sin tener que pagar abonos.
Estoy ilusionada con un gobierno que cree en
los símbolos patrios y en la unidad de América
Latina, dándole a la región la importancia que se
merece, después de tanto tiempo de haber sido
manejada por los llamados países del primer
mundo.
Mi ilusión crece cuando veo a hombres y
mujeres que están dentro del programa Argentina
Trabaja recuperando su dignidad, cuando veo que
el gobierno le dio aumentos a los jubilados y a las
trabajadores de distintos sectores.
Estoy ilusionada. Sé que falta mucho por
hacer, pero sé que si no acompañamos este
momento único e histórico, todo lo bueno que se
ha logrado hasta hoy, se esfumaría en un
segundo, por eso creo con absoluta certeza que
tenemos que salir a las calles a debatir, a
consensuar, que desde nuestro pequeño lugar
empecemos a desarrollar ideas, para acompañar y
ser parte del Proyecto Nacional, siempre desde el
lugar de la buena onda y multiplicando, para que
nuestro país sea cada día más justo, y sentirnos
definitivamente orgullosos de ser argentinos.